Procurarnos alimento produce una las sensaciones más intensas de nuestra vida. Me imagino que esto ocurre porque es una acción primaria grabada en nuestro ADN, y al igual que el sexo, permite la perpetuidad de nuestra especie.
Cuando hablo de “procurarnos alimento” no me refiero a la siembra, riego y cosecha de vegetales. Tampoco a la crianza de pollos o vacas. Poder seleccionar, acechar y cazar un animal para luego comerlo es algo realmente emocionante.
Si todo lo anterior ocurre en un ambiente en el que los animales tienen gran ventaja sobre ti, doblemente retador. Es la caza submarina a pulmón la que por excelencia se desarrolla en un ambiente hostil para el ser humano.
En el mar todo es más difícil para nosotros. Nuestros movimientos son torpes y lentos, no vemos bien, no escuchamos, sufrimos frío y como si fuera poco, sólo podemos estar debajo del agua unos breves segundos.
No tenemos rifles con miras telescópicas o de repetición que nos permitan matar a un animal a 500 metros. Tampoco grandes escopetas de perdigones para derriban a más de una presa.
Nosotros sólo contamos con una oportunidad que debemos ejecutar a corta distancia. Un solo disparo de arpón, una sola bocanada de aire. Bajo el agua somos sólo el buzo y el mar.
Las fotos: Marcona. Pesca sensacional y mejor compañía.
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miércoles, 4 de febrero de 2009
Cazador submarino
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