martes 19 de agosto de 2008

Cambia... todo cambia.


Volver a nacer. Ver todo con un sendito renovado. Descubrir nuevos sonidos, colores y olores cuando pensabas conocer todo. Eso es lo que uno hace cuando tiene la bendición de tener un hijo.

Pero lo que no te dicen es que además de ese sentido espiritual renovado, todo lo práctico, lo cotidiano, tu mundo… cambian. Esa vida de casado sin hijos -maravillosa porque haces lo que te da la gana- se transforma.

Cambiar pañales, aguantar llantos, preparar biberones, dejar que tus espacios comiencen a ser ocupados por otro, dejar de manejar tu tiempo, dejar de ver a tus amigos, cambiar casi todos tus hábitos, gastar tu dinero en alguien más… claro que te cambia la vida!

Dejar de fumar, bajar el volumen de la TV, no azotar las puertas, dejar a tu perro fuera de casa, no invitar a tus amigotes, caminar sin hacer ruido, lavarte las manos a cada rato… claro que te cambian la vida!

Por supuesto que es una joda y grande. El que diga que no, miente. Y miente con premeditación, alevosía y ventaja.

Pero todo eso no cambiaría mi decisión de tener un hijo. Nada en esta vida haría que me arrepienta. El verdadero amor, ese que no espera nada a cambio, el amor que se conforma con una sonrisa, el amor que da todo, el amor que da la vida… ese… viene incluido.

Gracias Dios.

(En la foto, los dos amores de mi vida: Mi esposa Jessica y mi hija Daniela)

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1 comentarios:

Anónimo dijo...

Coincido contigo. Nadie ni nada te prepara para la voragine de cambios cuando llega tu primer hijo a la casa. Pero tambien seria imposible que ese alguien te explique la inmensa alegria que te trae ese pequeño ser. Es inefable.
Tengo un niño de un mes y medio, y en las semanas anteriores he sentido y he visto una cantidad y variedad de cambios mas drasticos que los que experimentas cuando recien te casas. Pero, claro, la alegria que sientes en ambas ocasiones no es posible de comparar... felicitaciones por tu hermosa familia. Saludos!

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