
Ayer me sorprendió el terremoto sentado en mi oficina. Debo confesar que hace mucho no sentía esa sensación de miedo continuo. Luego, cuando la tierra dejó de temblar, la confusión y frustración generalizada nos invadió a todos por no poder comunicarnos. Todas las líneas de teléfono (fijo y celulares) estaban inhabilitadas.
Las noticias, a medida que transcurren las horas son desalentadoras. Me enteré que el terremoto tuvo una magnitud de 7,5 grados en la escala de Richter. Sin embargo, no pude llegar a imaginar, el grado de desolación ocasionado al sur de Lima, sobretodo en las ciudades de Chincha y Pisco.
La situación es caótica. Viviendas destruidas, iglesias colapsadas y hospitales que no se dan abasto. Se que hasta el momento son casi 350 los fallecidos (cifra que se va incrementando a medida que continúan las labores de rescate). Los médicos y las enfermeras atienden a los heridos en los pasillos de los hospitales (aproximadamente 1,500 personas)
La ayuda llega de a pocos debido a los daños causados en carreteras y puentes. Los hospitales requieren con urgencia suero y sangre para socorrer a los heridos.
Sólo nos queda esperar que las cosas no empeoren. Toda mi solidaridad con aquellas personas que han perdido algo.
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jueves, 16 de agosto de 2007
Terremoto de 7,5° R. devasta Pisco y Chincha
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