jueves, 31 de mayo de 2007

Homenaje a Gabriel García Marquez

Aracataca (Colombia). (EFE).- El escritor colombiano Gabriel García Márquez regresó el miércoles a Aracataca, su pueblo natal, después de 25 años de ausencia, y lo hizo en el "tren amarillo" que aparece en sus obras y que recorría la zona bananera del norte del país hace ocho décadas, en tiempos de esplendor.
"Gabo" siguió así la temporada de homenajes que comenzó el pasado 6 de marzo, cuando cumplió 80 años, y siguió días después en el IV Congreso Internacional de la Lengua Española, donde se le celebraron los 40 años de la publicación de "Cien años de soledad", su novela cumbre, y los 25 del Premio Nobel de Literatura.

Según allegados al escritor, éste se había manifestado reacio a regresar a Aracataca. El tren amarillo, que en realidad es color crema y azul celeste, está formado por una locomotora identificada con el número 1047, que tira tres vagones, uno de ellos con sillas laterales de madera y persianas amarillas de subir y bajar, al estilo de los años 40 del siglo pasado, como narra el escritor en sus libros.

En el vagón principal iban García Márquez -vestido de blanco-, su esposa Mercedes y medio centenar de familiares y amigos, funcionarios y empresarios que promueven la recuperación de la ruta ferroviaria. El escritor recibió una llamada por teléfono de uno de sus amigos más conocidos, el ex presidente estadounidense Bill Clinton, quien lo acompañó el pasado 26 de marzo en la ciudad colombiana de Cartagena, en el homenaje que se le tributó durante el IV Congreso de la Lengua.

Al llegar a Aracataca, el escritor paseó por las calles polvorientas en un coche de caballos y al final no subió a un automóvil descapotable de los años 40 que le tenían preparado, en medio de 34 grados centígrados a la sombra. Después llegó a un almuerzo en el que se sirvieron viandas de su tierra.

El escritor del realismo mágico, conocido por su legendaria timidez y sorprendido por las muestras de afecto de la gente, se limitó a poner cara de pánico por lo que le esperaba al descender del tren y a manifestar: "¿Se dan cuenta de que yo no inventé nada?".


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