MIAMI. Byron Halsey no había cumplido 25 años cuando fue encarcelado en Nueva Jersey por un crimen que no cometió. Fue acusado de violar y matar a dos niños, hijos de su novia. Una ONG que defiende los casos en los que hay sospecha de injusticia logró, 22 años después, que se practicara la prueba de ADN. El resultado fue espeluznante y causó indignación: Byron era inocente, el culpable era su vecino (que testificó contra él).
La justicia estadounidense actúa con un rigor espeluznante y una dureza enquistada con el firme propósito de acabar con la delincuencia. Sin embargo, las estadísticas muestran que los niveles de violencia no han disminuido. Además, como en este caso, también se equivoca.
Halsey disfruta de su libertad nuevamente desde hace 1 semana. Pobre, casi analfabeto, pero con una dosis de heroísmo y sacrificio que vacuna a cualquiera contra los atropellos. A la salida del juzgado y con lágrimas en los ojos que humedecían más su mirada de hombre depurado por el tiempo, atinó a decir, con puntualidad religiosa, que únicamente estaba agradecido con el Señor.
"Me alegro por él. Siempre tuve mis dudas sobre la acusación que le hicieron, pero no supe qué hacer ni cómo salir en su defensa. ¡Pobre Byron!", comentó la ex novia del acusado.
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